lunes, 25 de febrero de 2008

Otra de Maradona

Diego Maradona alcanzó una fama muy merecida haciendo, con una pelota, cosas que nadie más hizo. En casi todos los equipos en los cuales jugó, Maradona brilló y produjo resultados que quedarán en las mentes y los corazones de todos aquellos que lo vieron. Y en ese aspecto, este hombre ha sido único y para muchos, entre los que me incluyo, el mejor de todos los tiempos.
Pero luego de finalizada su actividad específica, su vida particular entró en un tobogán que repercutió en su vida profesional y terminó por destruirla, llegando casi al borde de la muerte.
Y cuando no pudo destacarse por su buen juego, comenzó a subir el tono polémico de sus comentarios, estimulado (tristemente) por los que le acercaron un micrófono creyendo que quien había sido un genio con una pelota en sus pies podía, por eso solo, hablar de cualquier tema como si fuera un experto. Y, claro está, opinando no fue como cuando jugaba. Pero él creía que sí y la troupe de obsecuentes que le acercaban los micrófonos y los grabadores lo aplaudían, aunque estuviera hablando con absoluto desconocimiento del tema que abordaba.
De pronto, como cuando irrumpe en su palco en la "bombonera", él espera el aplauso y la ovación y supone, erróneamente, que debe hacer "algo" para alimentar a las fieras. Y lo hace, claro. Y el ridículo y el grotesco están a la vuelta de la esquina.
Ahora, en el marco del torneo de tennis de Telmex, Maradona fue a ver el partido entre David Nalbandián y el italiano Potito Starace, un muchacho muy simpático y muy querido por el público habitual de ese deporte. Pero además, Starace es napolitano y, hasta ahora, admirador del 10. ¿Qué hizo nuestro ícono nacional? Dedicarse a insultar a Potito en español y en dialecto napolitano con el supuesto fin de "ayudar" a Nalbandián. Ni las quejas al árbitro general, ni los reclamos del italiano pudieron con el inefable Diego. Él continuó con su show, triste ciertamente, dando una imagen que se vio en muchos lugares por TV y que no nos ayuda, ni a Nalbandián ni a nuestro país.
Dicen que cuando Maradona entró al vestuario a saludar a David, Starace lo vio y, muy alterado y furioso, abandonó el vestuario en short, en ojotas y sin remera, para volver al hotel.
Por supuesto que esto quedará como una gracia del ídolo, que dirá que al italiano "se le escapó la tortuga" y necedades por el estilo y escuchará las risotadas obsecuentes de su corte de seguidores que es algo de lo que le queda.
Sería muy oportuno que alguien le anunciara al señor Maradona que la cancha de tennis no es la "bombonera" y que, en todo caso, permanezca en el reducto de la Boca cuando se disputen otros torneos de tennis que no necesitan de su particular aliento.

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