miércoles, 27 de febrero de 2008

El peligro de la rutina

Creo que de una canción de Miguel Cantilo y Jorge Durietz (o Pedro y Pablo como se los conocía en los '70) surgen las palabras: "pero amigo, guarda con la rutina, que es como una carabina que mata a repetición". ¿Buen juego de palabras no?
Pero lo que no es ningún juego es que acostumbrarse a determinadas cosas, como si debieran ocurrir inevitablemente, nos llevará a que esas cosas sean de cumplimiento efectivo.
Hay algunos hechos que están ocurriendo en nuestro país, principalmente en las grandes ciudades, que en un principio nos espantaban, después nos asombraban y, cada vez más, nos resultan casi "normales".
Ejemplo uno, accidentes de tránsito: han pasado a ser parte del folklore criollo. Cada día nos despertamos con la noticia de terribles tragedias que cuestan varias vidas humanas. Por distintas causas la pantalla chica nos muestra imágenes de montones de hierros retorcidos que alguna vez fueron autos, micros, camiones, etc. Y, como un cuadro macabro, al lado de esos hierros, bolsas de polietileno o diarios debajo de los cuales se tapan (a veces) a seres humanos de distintas edades que de pronto serán enterrados junto con sus sueños y esperanzas.
Un ingeniero especialista en temas de seguridad vial fue invitado a participar de un congreso de la especialidad en Canadá. Mientras completaba un formulario con datos sobre estadísticas de su país, Argentina, un colega local vio que en el casillero "Cantidad de muertos por accidentes de tránsito en el mes" la cifra alcanzaba a 200. Cuando el ingeniero canadiense le hizo notar el supuesto error creyendo que ese dato era anual, nuestro compatriota le aseguró que no había ningún error. Saque cada uno sus propias conclusiones.
Nosotros no nos asombramos como el canadiense. Casi que esperamos la/s noticia/s que nos diga cuántos han sido esta vez... cuántos muertos, digo. A menos que le suceda a algún conocido, la noticia pasa de largo, como si no hubiera solución alguna. Y lo peor es que si creemos que no habrá solución a este problema que destroza cientos de familias cada año, estamos echando las bases sólidas para que efectivamente no haya solución.
Ejemplo dos: la inseguridad. Ya no hay barrios ni ciudades seguros. Los countries que alguna vez fueron reductos seguros -y carísimos- hoy aparecen en las noticias del día afectados por robos, en el mejor de los casos sin víctimas fatales. Ni hablar en los barrios marginales (¿cuáles serán o cuáles no serán?), donde por cualquier cosa primero golpean y disparan y después roban. Por diversas razones el mapa del delito se puebla cada vez más, los malhechores que caen presos salen más rápido de lo debido y los que tienen condenas efectivas, efectivamente se benefician con la libertad inexplicable. Y si el ejemplo que viene de arriba es "dénle para adelante que no pasa nada", estamos más que en el horno.
Cuidado!, no lo aceptemos porque es evitable. Cuando la ETA golpea fuerte en España, la gente, el pueblo, sale a la calle en silencio. Un millón de personas en la calle es mucha gente. Sin romper nada, sin quemar autos, sin gritos hostiles, más aún, en silencio. Porque basta con la presencia y algún pequeño cartel en la mano. Mucha gente en silencio en la calle hace mucho ruido.
En 2001, cuando nos tocaron el bolsillo, los argentinos salimos a la calle, y eso que en la mayoría de los casos son cosas recuperables. Hoy no nos tocan el bolsillo, sino la vida de nuestros hijos o de nuestros padres o hermanos o amigos. ¿Será que estos valen menos que los dólares? Yo no lo creo pero... a las pruebas me remito. No quiero ser alcanzado por la rutina que, como decía, es como una carabina que mata a repetición".

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